Ulceras por Presión, Ulceras de Decubito o Escaras

Causas
La evidencia científica disponible sobre las causas de las úlceras por presión (denominadas comúnmente escaras) indican dos grandes tipos de factores involucrados en su desencadenamiento: factores externos e internos.

Cuatro factores clave están involucrados en la causalidad externa de estas lesiones de la piel:

Fuerzas de presión.
Fuerzas de fricción.
Fuerzas cortantes.
Humedad.

La existencia prolongada de cualquiera de estos tres factores, o la combinación de varios de ellos provocará con certeza daños o lesiones.

El factor más común es el de las fuerzas de presión, estas lesiones son la manifestación clínica de la muerte de los tejidos locales debido a presiones prolongadas entre una prominencia ósea y los tejidos blandos que la rodean. Además se considera que el tiempo también es un factor que condiciona estas lesiones: una presión mantenida durante un período superior a dos horas puede provocar lesiones irreversibles. La respuesta normal de una persona a una presión prolongada es un cambio de posición. Cuando el individuo no puede reposicionarse por sus propios medios, es cuando se producen las lesiones.

Las fuerzas de fricción y las fuerzas cortantes son los otros dos factores implicados en la producción de escaras. Ambos tipos de fuerzas pueden agravar los efectos directos de la presión prolongada. La fricción es la fuerza que se genera en el roce de dos superficies entre si, y las cortantes es una combinación de las de presión y de fricción. Estas pueden ocurrir cuando la piel es movida sobre las sábanas de la cama, durante las transferencias del paciente desde y hacia la cama, o en pacientes con movimientos involuntarios, espasticidad o agitación psicomotriz, secundarios a problemas neurológicos o psiquiátricos.

Cuando la pelvis está inmersa en materiales como vinilo, caucho o cualquier otra barrera a prueba de humedad (en pañales, protectores, etc.) de modo que queda atrapado el sudor, el calor e incluso la orina y heces, lleva a la maceración de los tejidos y facilita la ruptura de la piel, sobre todo en conjunción con los factores anteriormente mencionados.

Entre las causas internas de la aparición de ulceras por presión, se pueden destacar: la edad avanzada, la movilidad reducida, las disfunciones neurológicas, la desnutrición y la deshidratación, la incontinencia, así como el estado general del paciente. A diferencia de los factores extrínsecos, la existencia de un factor interno no implica por sí mismo la aparición de úlceras por presión, aunque influye en la aparición de estas y las potencia.

Estudios clínicos indican que en la medida que las úlceras profundas se cicatrizan, los tejidos perdidos no se regeneran. En lugar de ello, un tejido de granulación rellena el defecto y luego es reepitelizado (cubierto con piel). El mismo será de características diferentes del que fue reemplazado.


Prevención
El mejor método de tratamiento es, sin duda, la prevención. Esta desempeña un papel fundamental que frecuentemente es infravalorado, sobre todo atendiendo a las graves consecuencias de la aparición de úlceras por presión. Cualquier estrategia orientada a controlar el problema exige medidas enérgicas y decididas, que perduren en el tiempo durante la convalecencia del paciente.


Cuidados específicos

Piel

Examinar el estado de la piel a diario.
Mantener la piel del paciente limpia y seca en todo momento.
Lavar la piel con agua tibia, y realizar un secado meticuloso sin fricción.
Usar jabones o antisépticos con bajo poder irritativo.
No utilizar ningún tipo de alcoholes.
Aplicar cremas hidratantes, procurando su total absorción.
Colocar apósitos protectores en las zonas de riesgo, para reducir las posibles lesiones por fricción.

No realizar masajes sobre prominencias óseas.


Incontinencia

Proporcionar los cuidados que requiera el estado del paciente (contenedores, recambio frecuente de pañales, etc.)
Procurar que el paciente tenga permanentemente ropa de cama limpia y seca.


Movilización

Realizar cambios posturales:
Cada 2-3 horas en los pacientes postrados.
Si el paciente puede movilizarse autónomamente, instruirlo para que lo haga cada 15-20 minutos.

Durante la realización de los cambios posturales:
No permitir el contacto directo de las prominencias óseas entre si.
Evitar el arrastre. Realice las movilizaciones procurando reducir todo lo posible el roce del paciente con la cama, silla de ruedas, etc.
En decúbito lateral, no sobrepasar los treinta grados.
Si fuera necesario, elevar la cabecera de la cama lo mínimo posible (máximo treinta grados) y por el menor tiempo posible.
Usar dispositivos que mitiguen al máximo la presión: colchones de aire, cojines, almohadas, protecciones locales. Recuerde que este tipo de material solo es complementario y en ningún caso sustituye la movilización.




home | en casa | historia | clientes | servicios | notas
programas | contacto